Érase una vez yo, un personaje no tan típico que digamos, pues todos pensaban que era anormal (como dicen). Es muy rara, mas bien, totalmente inimaginable. Las ancianitas que estaban esperando fuera del ambiente especial para ella, la observan cuando sale, y ella, saltando y sonriendo, les dice: "Hasta luego señoras", con su vocesita dulce y de niña, si se puede decir (aclarando que tiene 16 años); estas, le sonríen, pero no una sonrisa hipócrita como suele haber en este lugar llamado Tierra, sino, una sonrisa que sale del corazón, acorde a las emociones que sienten y dicen: "Ay! que linda.", "Si!, que graciosa."
Siempre pasa lo mismo donde sea que vaya, excepto, claro, en lugares donde está la oscuridad y podredumbe, donde los seres humanos viven amargados, y pareciera que un gramo de felicidad les quemara la piel. A pesar de ello, este pequeño ser, y digo pequeño, porque a pesar de ser como la gente piensa que es (me refiero a los dotes que una perona tiene, o beneficios) se siente feliz siendo sencilla, pues no lleva peso en sus alas y puede escurrirse como hamster, va irradiando felicidad y buenas vibras, todos absorven un poco y es obvio que de poco en poco se acaba el pomo, así que ya te imaginarás cómo acaba, pues sí, agobiada, pero felizmente existe la hora de dormir y es ahí donde se vuelve a llenar de vida.
"¿sabes?, jamás imaginé encontrarme a una niña como tú". Yo sólo río, y es que jamás la encontraste, yo no existo, te parece. Esto es sólo un sueño, cuando despiertes verás que nunca fui. Lo que soy es sencilo, una herramienta, una algo hecho carne que va por el mundo intentando abrir los ojos de la gente, abrir sus corazones, y hacerles ver que este no es el mundo real, hay algo más allá que sí es un mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario